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sábado, 12 de enero de 2013

La Paciencia de Dios





¿Menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? – Romanos 2:4.

La paciencia y el tiempo pueden más que la ira y la fuerza». Esta moraleja de una fábula de La Fontaine anima a tener paciencia y dominio propio, al mismo tiempo que denuncia la inutilidad de la ira y la agresividad ante las dificultades. A veces perdemos la paciencia ante situaciones difíciles, respecto a un niño, a nuestro cónyuge o a un compañero de trabajo… Y la situación puede transformarse en conflicto. ¡En ocasiones también ponemos a prueba la paciencia de los demás!

Pero, ¿hemos pensado en la paciencia de Dios? “El Señor… es paciente para con nosotros”, es decir, para con todos los hombres, porque todos pecaron. Todos éramos culpables ante él y estábamos condenados a morir en nuestros pecados. Pero Dios, quien nos ama, desea que “todos procedan al arrepentimiento” (2ª Pedro 3:9). Es una advertencia llena de amor; Dios “ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30).

Arrepentirse es reconocer que formamos parte de los seres humanos que están bajo el mismo veredicto divino: “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Es aceptar nuestra incapacidad para volvernos justos por nosotros mismos. Es recibir el único medio que Dios nos ofrece: Jesucristo, quien llevó en la cruz el castigo que nuestros pecados merecían. Es creer en él, aceptar ser hecho justo ante Dios, “gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24). No menospreciemos la paciencia de Dios.

Fuente:amen-amen.net

Llamado por Dios - Luis M. Ortíz

Siervo del Señor, maestro, periodista, comunicador, escritor y poeta cristiano, Luis M. Ortiz fue el varón escogido por Jesucristo para difundir Su Palabra.


En un pequeño pueblo de puer­to rico, llamado Corozal, nació Luis Magín Ortiz Marrero, el impulsor de una de las con­gregaciones evangélicas más importantes del mundo: el Movimiento Misionero Mundial. Era el jueves 26 de septiembre de 1918.

Luis M. Ortiz fue el octavo hijo de Miguel Ortiz y Aurelia Marrero que formaban parte de una familia puertorriqueña tradicional que profesaba la religión católica. Creció como un infante más en un mundo azotado no solo por los efectos de la Primera Guerra Mundial, sino por el brote de una fatídica pandemia cono­cida como “gripe española” que ocasionó la muerte de unas cien millones de personas en todo el mundo.

La madre, Aurelia fue quien le inculcó una vida religiosa, era bien católica. Bajo su influjo maternal, vivió sus primeros años rodeado de rosarios, crucifijos e imágenes religiosas. Sin libertad de acción, junto a sus hermanos, era obligado a rezar todos los días a las seis de la tarde. Por esa razón, durante gran parte de los años 20, llevó una pesada existencia espiritual.

Todo cambió en octubre de 1928, cuando Ortiz apenas tenía diez años. La familia experi­mentó un suceso que modificó el destino. Uno de sus hermanos mayores adquirió la mortal fiebre tifoidea y sufrió durante varias semanas una lenta y penosa agonía. Aunque, en todo ese tiempo, el joven fue tratado diariamente por un médico, jamás se restableció. Finalmen­te, un día, dejó de existir.

Cuando los apesadumbrados padres em­pezaban a preparar las exequias del hijo, ocu­rrió el hecho que alteró la vida familiar. Ha­bía transcurrido cinco horas del fallecimiento y llegó a la casa una pariente convertida al Evangelio de Cristo; era Lina Ortiz, hermana de Miguel, quien serviría de instrumento al Señor para la materialización del hecho mi­lagroso.

La tía Lina, quien estaba llena del Espíritu Santo, acudió a la habitación en la que se en­contraba el cadáver de su sobrino y empezó a orar con una poderosa fe. A los pocos mi­nutos, ella pudo ver que Jesucristo estaba so­bre la cabecera del muerto y dijo: “yo le doy la vida”. Entonces, abandonó el aposento con rapidez y se dirigió a la cocina para consolar a la madre quien lloraba su dolor junto con otros familiares.

Lina Ortiz captó la atención de los presen­tes y predicó la Palabra del Señor mientras comenzaban a repartir tazas con chocolate y café, y bandejas con galletas. En aquel momen­to, la gente recordó al fallecido y fue a verlo. Entonces, encontraron algo sorprendente: el joven había recuperado la vida y estaba sen­tado como si nada le hubiera pasado. Frente a las miradas asombradas, incluso se atrevió a pedir un poco de chocolate. De esa manera impactante, el Evangelio de nuestro Señor Je­sucristo irrumpió en la vida de la familia Ortiz Marrero.

Después del milagro, ante una multitud de amigos y parientes que habían llegado para el velatorio, toda la familia alabó al Creador y dieron su primer paso para transitar por los caminos del Señor.

“Nadie me lo contó. Yo lo presencié. Así fue que conocí el poder de Cristo. Es posible que haya gente que diga no creo en eso, pero mi hermano siguió sus estudios y se hizo un profesional y vivió hasta 1974”, escribió años  más tardes Ortiz en sus memorias publicadas por la revista Impacto Evangelístico.

A partir de aquella fecha, la Palabra de Dios caló hondo en los corazones de los miembros de la familia. Un mes después de la resurrección del hijo mayor, Aurelia Marrero decidió llevar a su hijo Luis a una Iglesia evangélica de Corozal en la que pre­dicaba un pastor norteamericano. Aunque había sido una católica convencida y de costumbres paganas, ella por fin entendió que Cristo era mucho más que imágenes y rezos. Entonces, con alegría, se acercó a la casa de Dios llevando de la mano del octa­vo de sus descendientes.

La mujer ingresó al templo con el peque­ño hijo de la mano. Estaba guiada por el re­cuerdo de una vieja revelación de Jesús quien le afirmó que Luis era un niño bendecido y que haría una gran obra en la tierra.

Tiempo después, a través de sus prédi­cas radiales, Luis M. Ortiz relató en algu­na oportunidad lo que sucedió aquel día dentro de la Iglesia evangélica. Junto a su madre se ubicó en la última banca sobre el lado derecho del templo y ambos escucha­ron un “mensaje poderoso” en la voz del predicador estadounidense.

Ante el llamado para aceptar a Cristo, un promedio de veinticinco personas se levanta­ron, entre ellas la misma Aurelia. A pesar de su timidez, Ortiz también se puso de pie al escuchar la invitación del pastor. En ese pre­ciso instante caminó hacia la parte principal del templo luego de advertir que el pastor lo llamaba con insistencia. Tembloroso, se acercó hasta el americano y experimentó una de las sensaciones más impresionantes de su conver­sión. El predicador colocó sus manos sobre su cabeza y empezó a orar y le dijo al Señor en un castellano perfecto: “Dios mío haz de este niño, un predicador del Evangelio”. Según su propia confesión, Ortiz fue consciente en ese momento que Dios lo “había salvado para pre­dicar Su Palabra”.

NIÑO PREDICADOR
La cristianización de Luis M. Ortiz significó el principio de una larga y fructífera historia dedicada por completo a Dios. Apenas a los tres meses de su conversión, maravillado por el Evangelio, este niño de diez años exclamó su primera prédica ante unos doscientos niños de la escuela dominical de su congregación.

Solamente leyó la Biblia, y no pudo de­cir nada más, se quebró y empezó a sollozar; bañado en sus propias lágrimas, permaneció en silencio durante largos minutos. Después, regresó a su ubicación y entendió que Dios le estaba señalando el camino que debía seguir.

Inspirado en la “Parábola del Sembrador”, el mensaje fue de tal importancia y trascenden­cia que hasta el último día de su vida siempre lo mencionó señalando que había sido el “ser­món más hermoso y significativo” de que di­rigió.

Ortiz abrazó con muchísima fuerza la Pala­bra de Dios y empezó a caminar sobre la hue­lla que el Señor le trazó. El nuevo siervo del Todopoderoso primero fue niño en Dios y lue­go joven en Dios. Poco tiempo después asumió cada vez más responsabilidades dentro del concilio al que asistía denominado “Iglesia de Dios Pentecostal”.

Con los años, llegó a ser el conductor de la juventud de su congregación integrada por un estimado de trescientos nuevos seguidores del Señor. Después, en último término, poco antes de culminar sus estudios secundarios, fue eri­gido como el directivo juvenil más importante de Puerto Rico y su influjo espiritual se dejó sentir a lo largo y ancho de toda la “Isla del En­canto”. Talentoso a la hora de predicar, fue un guía que dejaba todo para servir al Salvador.

EL PERIODISMO
Cuando terminó la secundaria, el joven Ortiz inició su carrera como periodista. Fue a fina­les de los años 30, cuando los medios de co­municación comenzaron a modernizarse por el influjo de las corrientes periodísticas de los Estados Unidos.

Virtuoso con la pluma, fue contratado por el periódico El Mundo en el momento en que se afianzaba una nueva configuración social tras la crisis económica producida por la Gran Depresión de 1929. En ese medio que había sido fundado por Romualdo Real en 1919 y que durante décadas fue el de mayor circula­ción en la isla, se hizo conocido como un perio­dista talentoso.

El corrector Ángel Ramos y el periodista José Coll Vidal, dueños de “El Mundo”, los respaldaron de inmediato. Así transcurrió dos años realizando una labor que le servía para vivir con cierta comodidad. Todos los días, entre 1938 y 1939, su pluma ingeniosa y crea­tiva llevaba las noticias más importantes que contenía el tabloide. Sin embargo, mientras se ganaba la vida en ese diario periódico puerto­rriqueño, Dios le recordó que su destino era otro mucho más importante y le reveló varias veces que debía abandonar todo lo secular lo más pronto posible.

Ortiz era en ese momento un joven con considerable ingreso económico que podía significar una fortuna para la época: ochenta dólares semanales, según los relató en una prédica radial de los años 80.

Pese a que estaba rodeado de un ambiente donde el alcohol y las borracheras eran mone­da corriente, como buen cristiano se mantenía al margen de cualquier tentación terrenal. Ca­rente de vicios, jamás despilfarraba su dinero y ahorraba hasta el último céntimo.

Cierto día de 1939 decidió abandonar su prometedora carrera periodística para estu­diar a profundidad las Sagradas Escrituras en la escuela teológica más antigua del pentecos­talismo: el Instituto Bíblico Mizpa de San Juan de Puerto Rico. Cuando la Segunda Guerra Mundial asomaba con toda su furia por el Viejo Continente, se quitó el traje de cronista y colocó el punto final a su corta pero fructífera carrera dentro del periodismo comercial puer­torriqueño.

Cuando Ortiz anunció su salida del diario “El Mundo”, alteró el ritmo agitado que solía tener cotidianamente el matutino. Con los áni­mos a flor de piel, Ramos y Coll, los máximos directivos de la empresa, secundados por to­dos los trabajadores del periódico, intentaron persuadirlo de diversas formas de retirar la renuncia para que continuara con su prome­tedora trayectoria y desistiera de su idea de es­tudiar teología. Incluso el gerente general de la compañía le ofreció nombrarlo y aumentarle de inmediato su sueldo.

En plena conmoción por la dimisión, el propio jefe directo de Luis M. Ortiz, un hom­bre dominado por la bebida, en un arranque de ira le gritó: “No entiendo cómo es que tú por mil aves que van volando, sueltas la que tienes en la mano”. Ortiz respondió con én­fasis: “Dios me ha llamado y tengo que obe­decerle”.

El jefe empezó, entonces, a recorrer todos los departamentos del periódico para hacer una colecta orientada a financiarle los estu­dios. Poco después, atribulado y al borde del llanto, le entregó el dinero que había recauda­do entre el personal de la empresa. A pesar de su contrariedad, Ortiz aceptó el donativo para no desairarlo y se fundió en un abrazo sincero con su jefe.

LA CUNA DE LA TEOLOGÍA
El Instituto Bíblico Mizpa fue el lugar elegido por Luis M. Ortiz para estudiar a profundidad la Palabra de Dios. Fundada por el reverendo Juan L. Lugo, el primer misionero pentecostal en llegar a Puerto Rico, esta institución fun­cionaba por ese entonces en la calle América número 10 del barrio de Santurce, en la ciudad de San Juan. Actualmente es la Universidad Pentecostal.

Hasta allí llegó con la idea de obtener las destrezas, conocimientos y actitudes reque­ridas para asumir posiciones de liderazgo y de responsabilidad dentro del servicio mi­sionero al que Dios lo había convocado.

En Mizpa recibió capacitación espiritual profunda sobre las Escrituras durante 1940 y 1941. Además, aprendió la adoración y ala­banza al Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo con reverencia y gratitud. Asimismo, fue instruido en la predicación simple y clara de la Palabra de Dios. Además acogió las pautas necesarias para proveer ayuda misericordiosa y provi­sión para los pobres, los enfermos y los pertur­bados de manera digna y amorosa.

Cuando estudiaba en el Instituto Mizpa, Luis M. Ortiz tuvo una nueva experiencia con Dios. En medio de las fervorosas oraciones que solía realizar, un día del año 1940 le habló y lo invitó a llevar la Palabra por otros países como Cuba. Sin embargo, la reacción de Luis fue inesperada: se aterró muchísimo y en un arranque de miedo desoyó el llamado del Todopoderoso. En ese instante, supuso que sería incapaz de enfrentar la soledad de la distan­cia. Pero eso no fue todo. Dejó de orar con fer­vor para no volver a escuchar la voz de Dios. Durante algún tiempo, meditó una y otra vez sobre su particular situación. Creyó que el Se­ñor se había equivocado al llamarlo a su obra misionera fuera de Puerto Rico. Pensó que era poco lo que un joven soltero podía realizar en una tierra lejana en la que, para colmo, no co­nocía a nadie. Se pobló de dudas y se aferró a la idea de permanecer en la “Isla del Encanto”.

Después de esto, el Señor Jesucristo lo so­metió a prueba y lo hizo pasar por una serie de adversidades. Lo apartó del Instituto Bíblico Mizpa y obligándolo a buscar otro lugar para proseguir sus estudios evangélicos. Fue en ese tiempo que entabló amistad con Frank Finken­binder, padre de un joven que con los años se convertiría en otro gran impulsor del cris­tianismo bajo el seudónimo de “El Hermano Pablo”, quien lo ayudó a ingresar a un centro evangélico de Estados Unidos.

LA ORDEN DE DIOS
“El Hermano Pablo”era amigo de un varón cristiano que dirigía un Instituto Bíblico en Nueva York y debido a ello convenció a Ortiz para que se marchara hacia “El Gigante del Norte”. Tras solicitar la autorización paterna, ambos emprendieron el viaje en barco a través de las aguas del mar de las Antillas. Sin embar­go, luego de cinco días de travesía, se presentó otra fatalidad al llegar a territorio estadouni­dense: la institución que los iba a cobijar había sido cerrada.

Con el futuro incierto, Luis M. Ortiz bus­có en Nueva York a su hermano mayor, aquel que había vuelto a la vida en 1928 gracias al Señor, quien lo recibió con los brazos abiertos y ofreció apoyarlo en su paso por Norteaméri­ca. No obstante, la desobediencia al Altísimo prosiguió en suelo neoyorkino a pesar de que asistía con regularidad a una iglesia local. Así, con mucho temor a la figura de Jesucristo, evi­tó durante algún tiempo orar con fervor y se mantuvo prisionero de la frustración.

Empero, las evasivas a la presencia de Dios terminaron un domingo cuando concurría a la escuela dominical del templo al que iba de for­ma regular. El pastor de aquella iglesia le soli­citó acudir junto a otros hermanos a la casa de una mujer llamada Enriqueta para verificar el estado de su salud. Al llegar al domicilio indi­cado, no tuvo más alternativa que orar a Dios con fervor por su restablecimiento. Entonces, comprobó en carne propia el poder de Cristo.

Ortiz se arrodilló y empezó a comunicarse con el Creador. Poco a poco, sus oraciones se fueron tornando más intensas hasta el punto que de su boca sólo salían pedidos de perdón para sus pecados. “Señor perdóname. Sé que yo soy desobediente. Tú me estás llamando hace mucho tiempo y quisiera obedecerte, pero es tan duro, Señor. Señor, allá lejos, en Cuba, yo no conozco a nadie”, oró.

Como le pasó con anterioridad, en ese pre­ciso instante comprobó la grandeza de Dios. La figura divina hizo su aparición y escuchó un tono enérgico que le hizo recordar su lla­mado a la obra misionera y la forma en que fue convocado en su niñez por intermedio de un pastor americano. De igual forma, recapituló todos los pasajes de su vida en los que se había comprometido a predicar la Palabra y le mani­festó una vez más que lo necesitaba en Cuba. “Tienes que ir a Cuba. Yo te necesito. Te voy a usar. Yo te voy a bendecir”, le dijo el Señor.

Agobiado por sus temores, Ortiz respon­dió al Todopoderoso pidiéndole que buscara a otro creyente para cumplir la misión. Luego, sólo atinó a cerrar los ojos y volvió a pensar en el futuro inmediato de su existencia. Fue allí que se observó solo y desorientando sobre la cumbre de una montaña. Cristo volvió a orde­narle ir a Cuba, pero se negó otra vez a cum­plir el pedido. Entonces, sintió que una fuerza poderosa lo sujetaba por la espalda. Oprimi­do por aquella fuerza, comenzó a llorar, pero continuó con sus negativas. Pero la presión fue más intensa hasta el punto de dejarlo sin aliento. Y otra vez escuchó la pregunta: “¿irás a Cuba?” y la respuesta fue otra vez negativa. Pero, volvió a escuchar: “¿estás listo?”. Y ya no pudo rehusarse. “Si Señor, está bien, yo iré. Tú me abrirás las puertas, y yo entraré por ellas”, respondió. “Cuando me decidí obedecer al Señor, Su mano me soltó, y se adueñó de mí una paz, un gozo, una armonía y un espíritu de victoria, que jamás me ha dejado”, comentó luego de esta preciosa experiencia.

LA COMPAÑERA
Después de su nueva experiencia con Dios, Ortiz retornó a Puerto Rico y retomó con ma­yor ahínco su preparación teológica en el Ins­tituto Mizpa.

Dentro de las aulas del Instituto Mizpa, que en la actualidad es la casa de estudios pentecostales más importantes de Puerto Rico, conoció a la mujer que terminó por apoyar su entrega a Dios: la hermana Rebecca Hernán­dez Colón. Hija de un misionero evangélico, ella también había sido convocada para servir a la evangelización en tierras cubanas, y am­bos congeniaron de inmediato.

Rebecca estaba ligada desde muy niña al cristianismo. En 1930, a la edad de ocho años, se había marchado de Puerto Rico junto a sus padres para predicar la Palabra en República Dominicana. Allí, en esas tierras de las Antillas Mayores, apoyó durante ocho años la labor misionera desplegada por sus padres. Fue un largo tiempo que, aunque marcado a hierro y sangre por el dictador Rafael Leónidas Truji­llo, le sirvió para afianzar su entrega a Dios.

Al graduarse en el Instituto en 1941, ella se convirtió en misionera en una iglesia del área metropolitana San Juan, y Ortiz, por su parte, dirigía un templo del pueblo de Cayey ubicado en el área central de Puerto Rico. Tiempo más tarde, el 21 de abril de 1943, ambos unieron sus vidas en una sencilla, pero trascendental boda que selló de forma definitiva sus destinos. De inmediato, la pareja emprendió su labor evan­gelizadora en conjunto para cumplir el llama­do del Dios Altísimo.

El Comité Ejecutivo de la Iglesia la Asam­blea de Dios a la que pertenecían, sin embargo se opuso a que los jóvenes salieran a la obra misionera aduciendo que eran útiles para la congregación en Puerto Rico. Dios intervino entonces para resolver el asunto durante una reunión en la que los esposos Ortiz entregaron una carta para expo­ner su llamamiento misionero. El Señor obró a través de dos Oficiales a quienes hizo revelar sus de­signios para la pareja.

Cuando el secreta­rio de la Asamblea de Dios terminó de leer la misiva, uno de los Oficiales fue usado por el Espíritu Santo y transmitió un mensa­je en un lenguaje extraño e inentendible (don de lenguas). Acto seguido, otro Oficial, igual­mente usado por el Espíritu Santo procedió a interpretar el anuncio divino (don de interpre­tación de lenguas) y afirmó: “así dice el Señor: este asunto es mío. Yo lo he llamado. Yo le he escogido. Yo lo necesito. Yo lo envío. Él es mío. Así dice el Señor”.


Después de ese suceso, el 2 de julio de 1943, Luis M. Ortiz y Rebecca Hernández salieron de Puerto Rico. Sin respaldo financiero y sin mayor apoyo que el amparo de Jesucristo, la pareja se dirigió a República Dominicana casi en silencio. En el camino dejaron archivada la confesión de aquellos dos oficiales, usados por Dios, quienes les revelaron que se habían puesto de acuerdo para impedirles su labor fuera del territorio puertorriqueño. Habían iniciado el camino trazado por Dios. 

martes, 9 de octubre de 2012

JESUCRISTO - EJEMPLO DE AMOR

*Pero yo le conozco, porque de él procedo, y él me envió. 
(Juan 7:29)
*“Soy representante de Dios, y [él] me ha enviado”. 

“En el seguimiento de Jesucristo, aprendemos y practicamos las bienaventuranzas del Reino, el estilo de vida del mismo Jesucristo: su amor y obediencia filial al Padre, su compasión entrañable ante el dolor humano, su cercanía a los pobres y a los pequeños, su fidelidad a la misión encomendada, su amor servicial hasta el don de su vida” 


*Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.  (Marcos 16:15)

miércoles, 3 de octubre de 2012

El Tesoro Bíblico - En Jesús Hay Salvación


Es importante, no sólo para la iglesia, sino para toda la humanidad, saber, reconocer, y aceptar, el “único” nombre que se debe invocar para ser salvo. “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5). Dice la Palabra de Dios: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hechos 2:21). “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). No hay virgen, no hay santo, no hay otro dios, ni otro nombre, porque el único que ofrece salvación es el Dios de Israel; a través de su Hijo JESUCRISTO.


En el Antiguo Testamento, el nombre que se invocaba para ser salvo era: “Jehová o Jah”, el nombre del Padre. Desde Génesis hasta Malaquías, éste nombre era invocado, y en éste nombre, había salvación. El profeta Joel, escribió: “…Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo” (Joel 2:32). En contraste, en el Nuevo Testamento, el libro de Hechos, dice: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hechos 2:21). Este versículo, se refiere al nombre del Señor Jesucristo. “Porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.

Jehová, Dios Padre, sujetó a Jesús todas las cosas en el Nuevo Testamento. El Padre es Santo, Santo, Santo, y sigue teniendo la preeminencia porque es Padre. Sin embargo, “… agradó al Padre que en él (Jesucristo) habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:19-20).
“Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30).
Al final, Jesucristo entregará el reino a Dios, el Padre. “Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (1 Corintios 15:27-28).

El Señor Jesucristo dijo claramente: “… os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre” (Juan 6:65).
 “… Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Por lo tanto, Jesucristo, es el único nombre dado a los hombres en que podemos ser salvos, en este siglo y en el venidero; y en ningún otro hay salvación.

En síntesis, hay un solo Dios, y un solo mediador, Jesucristo hombre. En ningún otro hay salvación. Y todo aquel que invocare el nombre del Señor Jesucristo será salvo. Gloria a Dios!
“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5). 

“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”
(Hechos 4:12).

“Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hechos 2:21).
En fin, es importante para la iglesia y para toda la humanidad aceptar el nombre del Señor Jesucristo. Este es el “único” nombre que se debe invocar para ser salvo. “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”
 (1 Timoteo 2:5). Y como ya lo mencionamos anteriormente, dice la Palabra de Dios: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hechos 2:21). Y en ningún otro hay salvación.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Tesoro Bíblico - ¿Que dice la Biblia de la Oración?


La oración tiene muchos usos. Es una de las herramientas que Dios nos ha dado para poder vivir en este mundo. Es una arma poderosa, la cual muchos no sabemos usar. Es un privilegio que pocos tomamos en serio y que realmente produce resultados en la vida de los que la practican.
La oración continua e incesante es esencial para la vitalidad de tu relación con el Señor y de tu habilidad de funcionar en este mundo. ¿Pero que exactamente significa orar sin cesar?

Cuando niño, solía preguntarme cómo era que alguien podía orar sin cesar. Me imaginaba a los cristianos caminando con las manos juntas, la cabeza inclinada, y los ojos cerrados, chocando con todo. Aunque ciertas posturas y momentos específicos para la oración tienen una relación importante con nuestra comunicación con Dios, “orar en todo tiempo” obviamente no significa que tengamos que orar de maneras formales o notorias cada minuto que estemos despiertos. Y no quiere decir que tengamos que dedicarnos a recitar patrones y formas ritualistas de oración.

Me parece que orar en todo tiempo es vivir en un estado constantemente consciente de la presencia de Dios, donde todo lo que vemos y experimentamos se convierte en una especie de oración que se vive con una conciencia profunda y una entrega a nuestro Padre celestial. Es algo que comparto con mi Mejor Amigo, algo que comunico instantáneamente a Dios. Obedecer esta exhortación significa que, cuando somos tentados, presentamos algo bueno y hermoso, inmediatamente le agradecemos al Señor por ello. Cuando vemos el mal alrededor nuestro, le pedimos a Dios que lo quite y que nos permita ayudar a lograrlo, si así él lo desea, si es Su voluntad. Cuando nos encontramos con alguien que no conoce a Cristo, oramos para que Dios acerque a esa persona hacia él y nos use para ser un fiel testigo. Cuando encontramos problemas, nos volvemos a Dios como nuestro Libertador.

De este modo, la vida se convierte en una oración continuamente ascendente: Todos los pensamientos, obras y circunstancias de la vida se convierten en una oportunidad para tener comunión con nuestro Padre celestial. Así ponemos nuestras mentes “en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Col. 3:2).

lunes, 24 de septiembre de 2012

EL GRAN AMOR DE DIOS




 *Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16)

*Os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. 

(1º Cor. 15:3-4) 

El Evangelio, la Buena Nueva, puede resumirse así: Dios se acerca al hombre y le tributa una buena acogida al pecador sobre la base de una justicia y perfectamente satisfecha por el sacrificio de Jesús. 

En los Evangelios vemos a Jesucristo, venido a la Tierra, desplegando abundantemente la Gracia de Dios a favor de todos. Lo hizo para con una mujer adúltera, para con un malhechor clavada en una cruz, para con personas que no tenían esperanza alguna de ser liberadas de sus enfermedades y de sus pecados. Había venido para eso. 

Cansancio, contradicción, traición, burlas... nada pudo detener Su Divino Amor, móvil de todo lo que hacía y de todo lo que decía. 

Pero no solo había venido para hacer palpable el Amor de Dios. También era necesario que Él llevara nuestros pecados, que soportara el castigo de ellos, y que fuera hecho pecado para que, mediante Su muerte, el pecado fuera eliminado ante Dios. 

Había venido para sustituirnos y cumplir la condena de muerte que merecíamos. De esa manera, Su muerte en nuestro lugar detuvo la demanda judicial entablada contra nosotros. Llegó a ser nuestra justicia, o sea, El que nos hizo justos ante Dios. 

Cristo glorificó a Dios en todo de una manera incomparable en Su vida y en Su muerte. Era justo, pues, que Dios le resucitara y le hiciera sentar a Su derecha en el Cielo. Y allí donde Él está, allí estaremos también, compartiendo la felicidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo de Dios.

jueves, 20 de septiembre de 2012

El Tesoro Bíblico - ¡¡NO ESTAMOS SOLOS!!

 
DIOS RESPALDO A MOISÉS
Deuteronomio 34:10-12 Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara; nadie como él en todas las señales y prodigios que Jehová le envió a hacer en tierra de Egipto, a Faraón y a todos sus siervos y a toda su tierra, y en el gran poder y en los hechos grandiosos y terribles que Moisés hizo a la vista de todo Israel.
Moisés fue un caudillo y libertador del pueblo Israelita poderosamente usado por Dios. NO ha habido un profeta como él, por todas las señales y maravillas que Dios hizo por medio de este siervo. Pero resistir las luchas y pruebas que Moisés pasó... no fue nada fácil.
Tenía que aguantar a toda una nación rebelde y contumaz, velar por la alimentación, seguridad, protección, ministración espiritual y otros asuntos como líder tenía que enfrentar.
*Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. (Isaías 43:2)

miércoles, 19 de septiembre de 2012

El Tesoro Bíblico - ¿Existe Dios?


Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello y entabló una conversación con el barbero.
En un momento de la conversación el barbero dijo: -Yo no creo que Dios exista.
-¿Por qué dice usted eso? - preguntó el cliente.
Es muy fácil, al salir a la calle se da cuenta de que Dios no existe...
Y si no, dígame. Si Dios existe ¿por qué hay tantos enfermos? 
¿Por qué hay niños abandonados?
No amigo, si Dios existiera, no habría sufrimiento, ni tanto dolor para la humanidad. No puedo pensar que exista un Dios que permita todas esas cosas.
El cliente se quedó pensando y no quiso responder para evitar una discusión.
Al terminar su trabajo, el cliente salió del negocio y vio a un hombre con la barba y el cabello largo.
Entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero.
-¿Sabe una cosa? Los barberos no existen.
-¿Cómo? ¿Y yo, que soy?
-! No! dijo el cliente, los barberos no existen repitió el hombre, porque si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre.
-Los barberos si existen, el problema es que esas personas no vienen hacia mí.
-Exacto...! dijo el cliente. Ese es el punto. Dios sí existe, lo que sucede es que las personas no van a El y no le buscan, por eso hay tanto dolor y miseria.....
"Solo existe una palabra para creer, FE, ¿sabes que quiere decir?
"CREER EN LO QUE NO SE VE"

lunes, 17 de septiembre de 2012

Jehová Liberta A Los Cautivos



Hay alguien que conoce y comprende todos tus pensamientos, afectos y sensaciones--tu placer, tu dolor, tu alegria, tu tristeza---;

hasta percibe las necesidades y anhelos mas hondos de tu corazon........el es J E S U S

Amo a Jehová, pues ha oído Mi voz y mis súplicas; Porque ha inclinado a mí su oído; Por tanto, le invocaré en todos mis días. Me rodearon ligaduras de muerte, Me encontraron las angustias del Seol; Angustia y dolor había yo hallado. 

Entonces invoqué el nombre de Jehová, diciendo: Oh Jehová, libra ahora mi alma. Clemente es Jehová, y justo; Sí, misericordioso es nuestro Dios. Jehová guarda a los sencillos; Estaba yo postrado, y me salvó. Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, Porque Jehová te ha hecho bien. Pues tú has librado mi alma de la muerte,Mis ojos de lágrimas, Y mis pies de resbalar. Andaré delante de Jehová En la tierra de los vivientes. Creí; por tanto hablé, Estando afligido en gran manera. Y dije en mi apresuramiento: Todo hombre es mentiroso. ¿Qué pagaré a Jehová Por todos sus beneficios para conmigo? Tomaré la copa de la salvación, 
E invocaré el nombre de Jehová. Ahora pagaré mis votos a Jehová Delante de todo su pueblo. Estimada es a los ojos de Jehová La muerte de sus santos. Oh Jehová, ciertamente yo soy tu siervo, Siervo tuyo soy, hijo de tu sierva; Tú has roto mis prisiones. Te ofreceré sacrificio de alabanza, E invocaré el nombre de Jehová. A Jehová pagaré ahora mis votos Delante de todo su pueblo, En los atrios de la casa de Jehová, En medio de ti, oh Jerusalén. 

sábado, 15 de septiembre de 2012

Tesoro Bíblico - Jesucristo Viene Ya




“Mirad cómo el labrador (sembrador) espera el precioso fruto de la tierra”.
El sembrador tiene que tener mucha paciencia. No puede apurar o presionar la semilla.
“aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana (oct) y la tardía (marzo)”. Deut. 11:14.
El sembrador pone su confianza en Dios y acepta el proceso lento de la naturaleza. Gén. 8:22; 2 Cor. 9:10
Se sembraba el grano en el otoño esperando la lluvia temprana para que el grano germinara.
La lluvia tardía (como en marzo) lo ayudaba a madurar.
Durante todo el proceso el sembrador espera con paciencia.
Sant. 5:8, “afirmad vuestros corazones”. Que sean firmes, estables, constantes. 1 Tes. 3:13.

“porque la venida del Señor se acerca”.


 Rom. 13:11.

No es correcto decir que el Señor “demora” su venida. 2 Ped. 3:9, 10. Dios no mide el tiempo como el hombre lo mide.
Los burladores dicen que desde el principio todo sigue igual, pero olvidan el diluvio, 2 Ped. 3:4-6
Lea este texto con cuidado. Observe que la misma tierra que fue inundada será quemada.
Por eso, ¿cómo debemos vivir? 2 Ped. 3:11-14.




jueves, 13 de septiembre de 2012

Tesoro Bíblico - Promesas Si Puedes Creer


*“Porque yo soy el Señor tu Dios, que sostiene tu mano derecha; yo soy quien te dice: «No temas, yo te ayudaré» Isaías 41: 13

Esta es una porción de la palabra que nos da un fortalecimiento grande a nuestras vidas, es una vitamina que necesitamos. Es una promesa maravillosa de parte de Dios que nos invita a darnos cuenta de la protección y amor divino de Dios para sus hijos, esta promesa es mucho más que un seguro de vida.
 Cuando la vida nos viene abajo nos gustaría ser niños otra vez para tener a alguien para cuidar y protegernos. En medio de nuestro mundo confundido y caótico, la promesa de Dios nos viene otra vez. Como un padre o madre con un niño atemorizado, Dios nos alcanza y nos toma la mano, consolándonos con sus palabras preciosas, "No temas, estoy aquí contigo. Te voy a ayudar." Aun cuando parezca distante, el eco de este pensamiento nos puede recordar que nunca estamos solos ni olvidados
 (Hebreos 13:5-6).

1 YO ESTOY CONTIGO:

  • Isaías 41:10  No temas, porque yo estoy contigo; …
  • Juan 16:33  Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. 

2 ES NUESTRO DIOS QUE NOS ESFUERZA
  • Isaías 41:10  …..  no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; …
  • Isaías 54:17  Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová. 
  • Salmos 138:3  El día que clamé, me respondiste;  Me fortaleciste con vigor en mi alma.
  • Salmos 27:1    Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?  Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? El nos fortalece por medio del Espíritu Santo

3 SIEMPRE TE SUSTENTARE CON LA DIESTRA DE MI JUSTICIA
  • Isaías  41:10  …..  Siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
  • Salmos 41:12  En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado, Y me has hecho estar delante de ti para siempre. 
  • Isaías 41:13  Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.

4 YO TE AYUDARE:
  • Isaías 41:10  No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo;siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
  • Salmos  146:5  Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob,  Cuya esperanza está en Jehová su Dios,
  • Salmos 121:1    Alzaré mis ojos a los montes;  ¿De dónde vendrá mi socorro? 
  •  Salmos 121:2  Mi socorro viene de Jehová,  Que hizo los cielos y la tierra.


miércoles, 12 de septiembre de 2012

Tesoro Bíblico - La Palabra De Dios Es Perfecta

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. 
                                                                                  2°Timoteo 3:16-17

Vuela Sobre La Tormenta

La Tormenta

lunes, 10 de septiembre de 2012

El LIBRO DIVINO


La Palabra De Dios Me Da Vida



Tan solo basta comer de tu Palabra Para que mi espíritu baile en una danza celestial Tan solo basta decidirme a leer un versículoPara percibir el verdadero camino. Que me llevará a la verdadera felicidad Basta que abra la biblia Para que me envuelva tu sabiduría. Y así darme cuenta de lo que tengo gracias a la bendición de ser tu hija.Es por ello que querido hermano(a) tan solo basta que tengamos un poco de voluntad Para emprender un viaje sin fin con Dios al volante
Verá que no tendrá nada que temer Y es que con Dios hasta el león más fiero Se inclina a tan hermosa majestad.Comamos pues hermanos palabra de vida Y disfrutemos de la verdadQue solo guía a buen paradero Al paradero celestial Donde nuestro Padre nos aguarda con una sonrisa Infinita que nos habla de su poder para amar.

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. 

                                                                                                                                          Josué 1: 8-9

jueves, 6 de septiembre de 2012

Tesoro Bíblico - Hazme Oír Por La Mañana Tu Misericordia


Hay ocasiones en que tú te vas a dormir lleno de problemas, con la esperanza de que a la mañana siguiente, al salir el sol, su luz disipe tus pesares así como la oscuridad de la noche, para verte libre de las dificultades que te rodean.


David no era diferente a ti. Ninguno de los personajes famosos de la Biblia dejó de enfrentar circunstancias sofocantes. 

Detrás del final victorioso de muchos héroes es posible encontrar momentos de lágrimas, temor, desánimo y hasta la voluntad de desistir. 

Si tú vives en un mundo marcado por el dolor y el sufrimiento, es claro que muchas veces éstos tocarán a la puerta de tu corazón. 

Las dificultades y los problemas son como las piedras en medio del camino. Es preciso retirarlas para poder continuar en dirección a los objetivos propuestos.

En el caso de David, él no esperaba encontrar la solución por sí mismo. “En ti he confiado”, afirma el texto de hoy; y esa confianza lo llevaba a esperar que a la mañana siguiente Dios le daría la respuesta. 

Siempre hay una salida para las circunstancias aparentemente insolubles. El secreto de la victoria es descubrir cuál es el camino. Por eso, el salmista suplica: “hazme saber el camino por donde ande”.

Este “mostrar” o “saber”, no es algo místico. No consiste en quedar parado en algún rincón de la vida, esperando una revelación “trascendental”. 

Si Dios quisiese hacer eso, podría hacerlo. Lo hizo algunas veces a lo largo de la historia,pero hoy tú tienes su Palabra escrita, y a través de ella, Dios está listo a mostrarte las salidas.

Nada está perdido cuando Jesús está en el control de tu vida. Si tú no derramaste lágrimas, ¿dónde estarían los prismas para que tu vida se torne un arco iris? 

No desistas. Abre la Biblia y busca las respuestas divinas para las dificultades en tu matrimonio, en la relación con tus hijos, en la vida financiera o profesional.

Hoy es la “mañana” que menciona el salmista. Escucha la voz de Dios y encara los desafíos de la vida con coraje y valor. 

Di como David: “Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma”. Sal. 143:8

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Tesoro Bíblico - Dios Esta Contigo


Hoy quiero hablarte sobre los desiertos espirituales. Te encuentras en uno? Muchos quisieran realmente evitarlos, pero hoy vamos a aprender de ellos. 

*Mira lo que dice Isaías 41.17-20 
"Los afligidos y necesitados buscan las aguas, pero no las encuentran; seca está de sed su lengua. Si tú te sientes así hoy sigue leyendo:  Yo, Jehová, te oiré; yo, el Dios de Israel, no te desampararé. En las alturas abriré ríos y fuentes en medio de los valles; abriré en el desierto estanques de aguas y manantiales de aguas en la tierra seca. Haré crecer en la estepa cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la tierra árida cipreses, olmos y bojes juntamente, para que vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos que la mano de Jehová hace esto, que el Santo de Israel lo ha creado." 
Y mira lo que dice Dios en.

*Oseas 2.14-15:
"Ahora voy a decirte: te llevaré al desierto y te hablaré con ternura. Allí, , te devolveré tus viñedos, y convertiré el valle de la Desgracia en el paso de la Esperanza. Allí me corresponderás, como en los días de su juventud, como en el día en que saliste de Egipto." 
En el desierto te encuentras con Dios, en el desierto oyes Su voz tierna, allí Dios renueva tu esperanza, mostrando su poder sobrenatural. En el desierto puedes aprender que Dios es todo lo que necesitas! El desierto también es un tiempo de preparación para el ministerio, así lo fue para Jesús que estuvo 40 días allí. (Mateo 4:1-2)
Así que, si te encuentras en el desierto, alaba a Dios! 

martes, 4 de septiembre de 2012

Instrumento Útil En Las Manos De Dios


Los autores de la Biblia fueron todos hebreos menos Lucas, que era griego, y presenta la única excepción en esta lista de literatos que han escrito tan bien el libro que Dios les inspiró.

Los escritores de la Biblia:

 provienen de todas las clases sociales, y exhiben todo grado de preparación y de cultura. Algunos provienen de la alta sociedad: Moisés, instruído en toda la sabiduría de los egipcios; Isaías, criado en la corte del rey, del linaje real, culto, preparado para la obra de profeta a la que Dios más tarde lo llamara; Pablo, conocedor de las tradiciones y de la cultura y sabiduría de su raza, como pocos de su generación, y dedicado a la vocación de rabino; Lucas, médico, y hombre sumamente culto.
Estos hombres presentan un contraste notable con otros escritores que desempeñaron igualmente bien el ministerio que Dios les encomendó: Amós, hombre del campo, pastor de ovejas, cuyo lenguaje refleja la ruda vida campestre; Pedro, pescador, con solamente la instrucción rural más elemental; Juan, el amado hijo del trueno, pescador de oficio, con una instrucción básica y nada más.
Pero todos estos hombres poseían un elemento común que compensó su falta de cultura, o sea, un profundo conocimiento de Dios, una voluntad firmemente sujeta a los propósitos divinos, una contestación adecuada a la pregunta: ¿Cuál es mi relación con Dios, y qué quiere El que yo haga?
Estos hombres fueron los cauces por los cuales fluyera la corriente de la revelación a los hombres. Se presentaron como los instrumentos de que El se valió para comunicar su mensaje a los hombres.
Casi siempre ellos mismos nos cuentan el relato de la ocasión y de las circunstancias cuando por primera vez escucharon la voz de Dios que les comunicaba el mandamiento para ir a anunciar el mensaje al pueblo. A veces ellos nos cuentan cuál fue la actitud que asumieron cuando Dios los llamó: excusándose, rebelándose, etc., finalmente rindiéndose a Dios para ser utilizados por El.
Al escribir estas historias, profecías, salmos, evangelios, epístolas, y apocalipsis, los autores bíblicos se sintieron guiados por un móvil muy alto, que venía de Dios. La mente divina concebía y planeaba el libro que nosotros tenemos como la herencia mayor de las épocas proféticas y apostólicas. La inteligencia divina inspiraba e impulsaba a aquellos hombres a recibir primero el mensaje para comunicarlo a sus prójimos, y después a escribirlo para el beneficio de las generaciones siguientes.


Gillis, C. (1991). El Antiguo Testamento: Un comentario sobre su historia y literatura


 Génesis presenta a Dios como el Creador
Frente y en contraste con todas las explicaciones paganas de la creación del mundo y del hombre, Génesis afirma que el Creador de todo es el Dios que escoge revelarse a su pueblo escogido. La creació

n es un acto exclusivo de él y expresa su soberanía y su gracia. Los actos creativos de Dios manifiestan las características principales de la naturaleza de Dios. Expresan su poder de crear de lo no existente, su propósito de dar significado y propósito a la existencia de cada criatura, su santidad o trascendencia al quedar siempre diferenciado de su creación y su gracia en conceder sustento a toda criatura. La afirmación de Dios como Creador, necesariamente implica la absoluta autoridad de Dios en escoger las condiciones o términos de relación que desea tener con su criatura.
Carro, D., Poe, J. T., Zorzoli, R. O., & Editorial Mundo Hispano